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Desde finales de diciembre hay en el Gobierno una nerviosa agitación. La crisis abierta con las reformas, fundamentalmente la previsional, hace presagiar que la aprobación de la reforma laboral no será un trámite fácil y rápido para Macri, sus secuaces de la UCR y sus socios del PJ en todas sus variantes´

Las reformas continuas, tal como lo anunció el presidente, ha dejado claro a toda la población que la patronal, los organismos financieros y las multinacionales están dispuestos a implementar un ajuste perpetuo.

Con la reforma impositiva los exportadores se beneficiaron en 20000 millones de pesos para el 2018 y en 40000 millones en el 2019 que no aportarán al fisco. También a las mineras se las eximió de pagar 3000 millones de pesos en concepto de impuestos. El grueso del ingreso fiscal proviene del IVA y Ganancias por lo tanto el peso tributario cae sobre las espaldas de los trabajadores a través del gravamen al consumo y los salarios.

La reforma previsional ilustró con precisión que no hay límites para estos ladrones que pusieron sus garras sobre los ahorros de los trabajadores en el orden de los 100000 millones de pesos y se los repartieron con todo descaro entre los gobernadores de todo pelaje, en especial Vidal que se quedó con 20000 millones para financiar al elenco estable de los patrones de la obra pública.

Pero lo más importante es que dejaron jubilaciones miserables y condenaron a millones de jubilados a percibir haberes cada vez más bajos, sepultaron el 82% móvil, dejaron abierta la vía para el aumento de la edad jubilatoria y barrieron con los regímenes previsionales que amparaban a trabajadores que desarrollan tareas complejas o que afectan a su salud, con el cínico argumento del privilegio.

Pero la clave de todas las reformas es la laboral ya que es la exigencia más sostenida por las patronales nacionales y extranjeras que pretenden retrotraer las condiciones de trabajo más de 100 años para bajar el denominado "costo laboral" y aumentar la "productividad".

LA CALLE GRITA

Con el repudio a la reforma previsional en las calles el Gobierno y la "oposición" comprobaron lo que con agudeza señalara el titular del diario "El País" de España "en Argentina no es fácil aplicar medidas antipopulares".

Dos fueron las consignas mas coreadas en las movilizaciones, particularmente la del 18/12 "unidad de los trabajadores" y "que se vayan todos".

La primera,  forjada en los conflictos obreros que traicionados por las conducciones de sus sindicatos se sostienen en la solidaridad surgida de los lugares de trabajo de diferentes gremios, que aportan a fondos de huelga, acompañan ocupaciones o marchas y van confluyendo con sindicatos ganados para la democracia obrera, agrupaciones que disputan a viejas direcciones o delegados y activistas que procuran juntarse  para resistir los embates empresarios, y que por vez primera fue tomada a nivel popular en los cacerolazos posteriores a la represion de ese día.

 La segunda, nacida de las entrañas de 2001, con sus 39 muertos y una debacle económica a la que nos llevaron los mismos que, tras varios reciclajes hoy profundizan la entrega de la nación.

Este es el motivo de tensión de Macri y todos los partidos patronales. Todos acuerdan en que la crisis económica solo puede ser resuelta por una brutal derrota del movimiento obrero, Aquí no existe la ficción de la grieta.

Todos tienen claro que el endeudamiento abismal en que metieron a la Argentina debe ser pagado con el hambre y la miseria del pueblo trabajador.

Y por encima de todo, el conjunto de los políticos patronales coincide en poner al país en una condición de vasallaje colonial sin precedentes resignando toda soberanía.

Pero el lado flaco de este acuerdo llegó con la bronca en las calles, que en muchos políticos obligó al planteo de acompañar…. pero hasta la puerta del cementerio.

Por eso todos los ojos están puestos en el sindicalismo, que tradicionalmente pactó con todos los gobiernos de una u otra forma.

LOS PEORES DEL BARRIO

En su desenfrenada carrera y urgidos por la sombra del colapso económico, el gobierno y todo el empresariado, agitan el fantasma de la corrupción  para intentar  justificar la aniquilación de todas las conquistas logradas por la clase trabajadora.

Por eso ponen en el candelero a lo más execrable de la dirigencia sindical exponiendo a sus personajes más bochornosos.

Pero cuánto más avanzan en este plano, más al descubierto queda la enorme mentira de Cambiemos y toda la patronal.

En primer lugar, porque la corrupción es la esencia del capital, que aumenta sus ganancias con el empobrecimiento de millones y el robo permanente al Estado bajo todo tipo de argucias.

En segundo lugar, porque los dirigentes sindicales a los que denominamos burocracia sindical, le resultan indispensables a las patronales nacionales y extranjeras.

Son ellos, los patrones, los que a través de sus gobiernos cobijan a toda la lacra de los sindicatos convalidando los estatutos gremiales que impiden formar listas opositoras, avalan el fraude y judicializan los conflictos, persiguiendo a los que reclaman.

Son las mismas empresas las que despiden a los obreros que el propio sindicato indica a sus oficinas de personal, porque "quien molesta en la fábrica molesta en el sindicato".

Y son estos dirigentes los que desconocen los conflictos desatados por los permanentes atropellos empresarios y dejan a los trabajadores expuestos a los despidos y la represión.

Ellos son los que ante el desmantelamiento del Estado con las privatizaciones, miraron para otro lado mientras quedaban pueblos aislados, nuestros puertos pasaban a ser controlados por mercaderes y traficantes, nuestra aerolínea endeudada y vendida a piratas, nuestro petróleo entregado a quienes nos llevaron a una crisis energética sin precedentes y así, una larga lista de saqueos al pueblo argentino que soportó centenares de miles de despidos.

Garantizaron con el silencio y la complicidad la transferencia del enorme capital acumulado por los argentinos a la rapiña empresaria.

El enriquecimiento de estos sindicalistas viene por añadidura, es el pago de patrones y gobiernos por los servicios prestados. Pueden ser fondos de obra sociales, descuentos compulsivos, aportes "especiales" de las compañías, en alguna época la tolerancia al juego clandestino dentro de las fábricas, la generación de negocios vinculados a las ramas de las industrias o los servicios que desdibujan los límites entre gremio y empresa y que tienen derivaciones criminales como en el caso de Mariano Ferreyra y un sinfín de recursos que tienen por finalidad constituir la moneda de cambio para garantizar las ganancias patronales sin contratiempos.

Las fortunas obscenas, como la de Balcedo, el "caballo" Suárez, o el ridículo Carlos Quintana de UPCN -"ganador" del loto en 1996-, las mansiones y departamentos en lugares exclusivos como Nordelta o Puerto Madero no explican por si solas la parálisis de las conducciones ante la ofensiva patronal. Existen casos de dirigentes que no amasaron enormes ganancias, pero se mantienen atornillados en sus puestos sosteniendo el mismo esquema entreguista.

La explicación hay que buscarla en la gravísima decadencia a la que fue llevado el país por la patronal a través de su representación política, en particular el PJ.

UN MODELO SINDICAL QUE HACE AGUA

A partir de la dictadura militar se impuso una matriz agroexportadora y fundamentalmente de expansión financiera. Luego se incorporó la extracción de minerales. Con la consigna "achicar el estado es agrandar el país" se comenzó a desmontar la estructura que conformaba la Nación y ese esquema se mantiene gobierno tras gobierno hasta hoy.

El brutal saqueo de recursos naturales, la extranjerización de la tierra, el endeudamiento externo escandaloso, las privatizaciones, han dejado un saldo de enorme desocupación, marginalidad y empobrecimiento general en todos los aspectos.

Ante este panorama la vieja dirigencia sindical muestra con crudeza sus limitaciones e impotencia. La fórmula de negociar con patronos o gobiernos aumentos o convenios con mayor o menor dureza, con paros o amenazas de paros, ya no puede seguir subsistiendo, porque los empresarios para mantener sus ganancias en medio de la decadencia del país y la crisis económica mundial necesitan producir con un sistema de semiesclavitud.

Menos le sirve la fuerte sindicalización y conciencia gremial del movimiento obrero argentino. Por eso el esquema en el que se formó la burocracia, de un Estado árbitro que le permitía obtener pequeñas concesiones a cambio de ser un dique de contención para las exigencias obreras ya no es posible. Por lo tanto, lo que queda absolutamente claro es que las respuestas al ataque de los patrones y su gobierno no son sindicales sino que son políticas. Una salida política del movimiento obrero de carácter independiente, eso es lo que no puede instrumentar esta dirigencia.

Junto con el PJ se hunde su columna vertebral y, si gobernadores y legisladores K y anti K, no dudan en votarle todas la leyes a Macri, la burocracia sindical se pierde en el laberinto de sus propias contradicciones para no romper con el gobierno, dejar pasar la reforma y no salir eyectados de sus sillones por la bronca de las bases.

Cuando se plantea que la salida es política, no se alude a tal o cual partido. En el seno del movimiento obrero confluyen todo tipo de corrientes como corresponde a un cuerpo dinámico y con perspectiva de organización. La salida es política porque se impone levantar desde las centrales obreras un programa que contenga a las necesidades del pueblo trabajador y resuelva la discusión entre coloniaje o independencia.  Y esta es una tarea que sólo puede realizarla el movimiento obrero movilizado con sus organizaciones.

Esto por supuesto no es algo nuevo, en el transcurso de su rica historia la clase obrera argentina ha realizado varios ensayos con diferente suerte y justamente allí radica el valor de aquellos hechos, el imperativo de la hora es retomarlos, sacar conclusiones y mejorarlos.

Pero como el momento que vivimos no puede esperar y una nueva dirección no se forma en los escritorios, sino en la lucha cotidiana, urge la coordinación de todos los que luchan, porque nada saldrá de dirigentes atenazados por presiones de políticos patronales o jueces tan corruptos como ellos.

Quienes impulsamos el enfrentamiento a Macri y su camarilla de delincuentes con las movilizaciones contra el robo a los jubilados y exigimos a las centrales obreras que dejen de pactar con el gobierno, debemos estrechar nuestros vínculos. Los que integramos ese conglomerado de luchadores que es el sindicalismo combativo, tenemos que redoblar los esfuerzos unitarios para convocar a una gran cantidad de delegados y activistas que surgen independientes de los aparatos burocráticos.

Debemos plantear con toda claridad que nuestro destino como trabajadores no puede quedar en manos del parlamento, sino que será la huelga general y un plan de lucha lo que defina y es por eso que seguir ganando las calles es una cuestión de primer orden.

En ese camino debemos poner bien alto las consignas de NO PAGO DE LA DEUDA EXTERNA y QUE LA CRISIS LA PAGUEN LOS DE ARRIBA. Será un puntapié inicial para ir conformando un programa obrero.

 

Edgardo Reynoso

Comisión de Reclamos-Cuerpo de Delegados

Union Ferroviaria- Línea Sarmiento

Bordó Nacional