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Se está llevando adelante el juicio oral y público a Julio De Vido, el ex ministro de Planifica­ción Federal durante los gobiernos kirchneristas y responsable político de la Masacre de Once.

El infausto suceso acaecido el 22 de febrero de 2012, que se llevó la vida de 51 pasajeros + 1 por nacer y dejó a centenares heridos, pudo ser evita­do de haberse escuchado las voces de alarma que repetidamente dieron los ferroviarios del Sarmiento y la lista Bordó.

El preludio de la masacre se desarrollaba con la par­ticipación de las burocracias de la Unión Ferroviaria, La Fraternidad y Señaleros, que no solo guardaban silencio sino que colaboraban con el desastre por venir. Del lado de los trabajadores y usuarios se ubicaron los dirigentes sindicales Rubén Sobrero y Edgardo Reynoso y “Café” Ruiz Diaz, que realizaron todo tipo de denuncias más de cuatrocientas, ante los organismos pertinentes, incluso denuncias penales. La conclusión es que De Vido no podía desconocer el estado del sistema ferroviario, aunque Cristina pretenda negarlo.

Ya en febrero de 2003 los fe­rroviarios denunciamos ante el interventor Pedro Alberto García de la CNRT la deplorable situación en la que habían quedado los bienes entregados a TBA por parte del Es­tado: falta total de mantenimiento en instalaciones ferroviarias, vías y material rodante, disminución de la capacidad de tracción con relación a las unidades entregadas, falta de inversión con respecto a lo comprometido en el contrato, destrucción global y progresiva de los bienes del Estado. Continuaron radicándose denuncias, hasta que en marzo de 2005 la Bordó realizó una mesa de denuncia en Retiro alertando a la opinión pública sobre la responsabilidad de la empresa y los funcionarios del gobierno por el Cromañón ferroviario ya que días antes habían chocado dos for­maciones a la altura del empalme Maldonado, sin víctimas fatales pero con cientos de heridos.

También se venía exigiendo desde hace años, entre otras medidas, el cierre hermético de las ventanas de las cabinas del motorman, pero la em­presa nunca dio respuesta. El joven Lucas Menghini Rey, al encontrarse con el tren repleto y no poder subir por la puerta lo hizo por una de ellas 55 horas después del accidente su cuerpo fue hallado en el lugar al que nunca hubiese debido tener acceso.

La Masacre de Once es la expresión trágica y final del modo con el que TBA transportaba co­tidianamente a sus usuarios. La Bordó no solo estaba a la cabeza de las luchas reivindicativas propias de los trabajadores ferroviarios, también denunciaba la política de destrucción sistemática del ferrocarril llevada adelante por el gobierno y advertía del peligro que esto acarreaba para los usuarios.

El cuerpo de delegados del Sarmiento y la Bordó somos el sindicalismo que no se vende, el que está pre­sente en cada lucha, hoy junto a los familiares de las víctimas de Once exigiendo cárcel a De Vido.

Somos parte de los nuevos diri­gentes honestos, antiburocráticos y combativos, un nuevo modelo sindical con demo­cracia sindical, para que los planes de lucha se discutan y aprueben en la base. Para lograr que sean los trabajadores los que produzcan los cambios de fondo que se necesitan. ¡Por un ferrocarril al servicio del pueblo y un sindicato al servicio de los trabajadores!

Por Mónica Schlotthauer (delegada Ferroviaria-línea Sarmiento)

Bordó Nacional