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Une Retiro con Villa Rosa, en Pilar, y las cancelaciones y demoras son cotidianas.

Mientras la mayoría de los trenes corría sobre rieles de más de 60 años, con formaciones repletas que habían superado en dos décadas su fecha de retiro, con la chapa oxidada y abierta en flor, el Belgrano Norte era el confiable, el puntual. Pero la desidia también lo absorbió. A partir de 2014, mientras los coches obsoletos eran reemplazados por otros cero kilómetro, se cambiaban vías y se implementaban sistemas de frenado automático, la línea que une Retiro con Villa Rosa, en Pilar, entraba en decadencia. Hoy es la peor de la Red Metropolitana: tiene la mayor cantidad de accidentes y muertes, y un nivel altísimo de cancelaciones y demoras.

“Es un viaje en el tiempo, parece el San Martín de hace cinco años. Están los pasajeros que van sentados en el fuelle, con las piernas colgando en el estribo, también parados con medio cuerpo afuera. Están las puertas manuales y esa estética de tren viejo, de juguete o museo, deteriorado y en funcionamiento”, dice Sergio Zaldo. Tiene 29 años, vive en José C. Paz y, por unas obras en el ferrocarril San Martín, usa los fines de semana el Belgrano Norte. “En el San Martín, asaltaban a los pasajeros llegando a las estaciones, abrían las puertas entonces manuales y se tiraban con el tren en marcha. Acá -compara- hacen lo mismo y por eso trato de no sacar el celular”.

Fue un celular lo que le robaron arriba del tren a la estudiante de medicina Brenda Bigiatti un mes atrás. Después de arrancárselo, el ladrón saltó con la formación en movimiento. Ella trastabilló, cayó sobre el andén y terminó en terapia intensiva. El caso puso al Belgrano Norte otra vez en la agenda. Pero poco se dijo de la infraestructura vencida -puertas manuales y abiertas durante todo el trayecto- que posibilita esos hechos de inseguridad y también genera que, en un año, 653 pasajeros sufran golpes o caídas del tren, como registró la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) en esa línea en 2016. Esos episodios, que ocurren en mayor proporción entre usuarios que viajan en los estribos o colgados, representan el grueso del total de accidentes: son el 69% de 879 casos. Ninguna otra línea metropolitana tiene un número tan alto de siniestros.

El Belgrano Norte es un ramal diésel que enlaza Capital Federal y los partidos de Vicente López, San Isidro, Tigre, Malvinas Argentinas y Pilar. Transporta a más de dos millones de pasajeros por mes y, por el color de sus locomotoras y coches, se lo conoce como “El Rojito”. Es una denominación popular, que los percibe como piezas de exhibición: la antigüedad promedio de las locomotoras es de 45 años y la de los vagones, 50. Tiempo atrás, poco importaba que no fuese moderno ni tuviera aire acondicionado. Los pasajeros valoraban la puntualidad: el Belgrano no los dejaba en la vía. Todo cambió.

Los anuncios oficiales van detrás de las tragedias. A la modernización de la red ferroviaria le antecedió “Once”, un tren hecho acordeón y 51 muertos, entre ellos una embarazada. Sobre esa masacre, se renovaron flotas, cambiaron vías, electrificaron ramales y se reparó en que el sistema necesitaba frenos automáticos. En 2012, año en que el Sarmiento impactó contra el andén, se habían proyectado $ 7.548 millones de inversión ferroviaria. En 2013 fueron $ 15.826 millones, un 110% más. Pero en la partida no estuvo incluido el Belgrano Norte y, mientras las otras líneas mejoraban, “El Rojito” caía.

La puntualidad empezó a diluirse, los andenes a desbordar de usuarios y se volvió cotidiano escuchar por los altoparlantes: “El servicio fue cancelado”. La CNRT lo confirma en sus informes: “A partir de 2014, la cantidad de servicios que completaron el recorrido entre cabeceras disminuyó más de un 13%, pasando de un promedio de 57.000 trenes corridos en ese período a 50.339 en 2016”. Traducido: seis mil viajes menos. La disminución se debió, explican, a la menor disposición de material rodante, lo que provocó cancelaciones y atrasos.

Es miércoles a las 7.45 y Diana Paz, de 24 años, espera en la estación Grand Bourg. De lunes a viernes, calcula lo que no se calcula: los imprevistos. “Llego al andén con media hora de margen. Si no lo hago y hay una cancelación, pierdo el día de trabajo”, dice. Faltan más de dos horas para que entre a la oficina. No le molesta esperar. Lee o escucha música. Cada tanto chequea la pantalla del celular y sigue la aplicación Horarios del Belgrano Norte. “Ayer fue un lío -agrega-. Empezaron a cancelar trenes desde las 6 y a media mañana hubo un accidente en Don Torcuato. Veías a los que se habían quedado atorados, bajando de un tren y pasándose a otro”. Hordas entre los andenes, metiéndose en formaciones con recorridos más cortos, empujando por un centímetro cuadrado. “No había espacio. Hasta el furgón estaba lleno”.

En la red ferroviaria, hay dos líneas privatizadas. Una es el Belgrano Norte. La concesión está a cargo de Ferrovías desde 1994 y, en principio, hasta 2018. Aunque en la empresa dicen que existen posibilidades de extenderla. Frente a la caída en el servicio, en 2015 fueron incorporadas seis formaciones duplas Alerces cero kilómetro. No se detienen en todas las estaciones y funcionan como un expreso. En mayo también se recuperaron 21 servicios en hora pico, por la mañana y por la tarde. Pero la escena de viajar apretado o colgado de las puertas sigue.

“La irregularidad del Belgrano genera más desorden. A la vuelta, en Retiro, cuando el tren viene atrasado la gente se agolpa primero en el andén y después sobre las vías, en las piedritas. Lo hacen para subir del otro lado de los vagones, porque como las puertas son manuales nada se los impide”, describe Juan Carlos Fernández, de 61 años. Usa la línea de lunes a viernes a las 4:47, para trasladarse de Boulogne Sur a Retiro y luego, a las 17:50, para regresar. Es el medio que le permite llegar a su trabajo. “Hace un año, en Retiro, murió una persona desangrada. Pasó corriendo por las vías para subir a un tren y otra máquina lo llevó. Le cortó las piernas”. En 2016, en el Belgrano Norte hubo 42 muertes: 8 suicidios y 34 accidentales. En ese último número, ninguno lo supera, ni el Roca, la línea con más ramales de Buenos Aires.

Belgrano Norte, el tren olvidado en el que la gente sigue viajando colgada

Une Retiro con Villa Rosa, en Pilar, y las cancelaciones y demoras son cotidianas.

Mientras la mayoría de los trenes corría sobre rieles de más de 60 años, con formaciones repletas que habían superado en dos décadas su fecha de retiro, con la chapa oxidada y abierta en flor, el Belgrano Norte era el confiable, el puntual. Pero la desidia también lo absorbió. A partir de 2014, mientras los coches obsoletos eran reemplazados por otros cero kilómetro, se cambiaban vías y se implementaban sistemas de frenado automático, la línea que une Retiro con Villa Rosa, en Pilar, entraba en decadencia. Hoy es la peor de la Red Metropolitana: tiene la mayor cantidad de accidentes y muertes, y un nivel altísimo de cancelaciones y demoras.

“Es un viaje en el tiempo, parece el San Martín de hace cinco años. Están los pasajeros que van sentados en el fuelle, con las piernas colgando en el estribo, también parados con medio cuerpo afuera. Están las puertas manuales y esa estética de tren viejo, de juguete o museo, deteriorado y en funcionamiento”, dice Sergio Zaldo. Tiene 29 años, vive en José C. Paz y, por unas obras en el ferrocarril San Martín, usa los fines de semana el Belgrano Norte. “En el San Martín, asaltaban a los pasajeros llegando a las estaciones, abrían las puertas entonces manuales y se tiraban con el tren en marcha. Acá -compara- hacen lo mismo y por eso trato de no sacar el celular”.

Fue un celular lo que le robaron arriba del tren a la estudiante de medicina Brenda Bigiatti un mes atrás. Después de arrancárselo, el ladrón saltó con la formación en movimiento. Ella trastabilló, cayó sobre el andén y terminó en terapia intensiva. El caso puso al Belgrano Norte otra vez en la agenda. Pero poco se dijo de la infraestructura vencida -puertas manuales y abiertas durante todo el trayecto- que posibilita esos hechos de inseguridad y también genera que, en un año, 653 pasajeros sufran golpes o caídas del tren, como registró la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT) en esa línea en 2016. Esos episodios, que ocurren en mayor proporción entre usuarios que viajan en los estribos o colgados, representan el grueso del total de accidentes: son el 69% de 879 casos. Ninguna otra línea metropolitana tiene un número tan alto de siniestros.

El Belgrano Norte es un ramal diésel que enlaza Capital Federal y los partidos de Vicente López, San Isidro, Tigre, Malvinas Argentinas y Pilar. Transporta a más de dos millones de pasajeros por mes y, por el color de sus locomotoras y coches, se lo conoce como “El Rojito”. Es una denominación popular, que los percibe como piezas de exhibición: la antigüedad promedio de las locomotoras es de 45 años y la de los vagones, 50. Tiempo atrás, poco importaba que no fuese moderno ni tuviera aire acondicionado. Los pasajeros valoraban la puntualidad: el Belgrano no los dejaba en la vía. Todo cambió.

Los anuncios oficiales van detrás de las tragedias. A la modernización de la red ferroviaria le antecedió “Once”, un tren hecho acordeón y 51 muertos, entre ellos una embarazada. Sobre esa masacre, se renovaron flotas, cambiaron vías, electrificaron ramales y se reparó en que el sistema necesitaba frenos automáticos. En 2012, año en que el Sarmiento impactó contra el andén, se habían proyectado $ 7.548 millones de inversión ferroviaria. En 2013 fueron $ 15.826 millones, un 110% más. Pero en la partida no estuvo incluido el Belgrano Norte y, mientras las otras líneas mejoraban, “El Rojito” caía.

La puntualidad empezó a diluirse, los andenes a desbordar de usuarios y se volvió cotidiano escuchar por los altoparlantes: “El servicio fue cancelado”. La CNRT lo confirma en sus informes: “A partir de 2014, la cantidad de servicios que completaron el recorrido entre cabeceras disminuyó más de un 13%, pasando de un promedio de 57.000 trenes corridos en ese período a 50.339 en 2016”. Traducido: seis mil viajes menos. La disminución se debió, explican, a la menor disposición de material rodante, lo que provocó cancelaciones y atrasos.

Es miércoles a las 7.45 y Diana Paz, de 24 años, espera en la estación Grand Bourg. De lunes a viernes, calcula lo que no se calcula: los imprevistos. “Llego al andén con media hora de margen. Si no lo hago y hay una cancelación, pierdo el día de trabajo”, dice. Faltan más de dos horas para que entre a la oficina. No le molesta esperar. Lee o escucha música. Cada tanto chequea la pantalla del celular y sigue la aplicación Horarios del Belgrano Norte. “Ayer fue un lío -agrega-. Empezaron a cancelar trenes desde las 6 y a media mañana hubo un accidente en Don Torcuato. Veías a los que se habían quedado atorados, bajando de un tren y pasándose a otro”. Hordas entre los andenes, metiéndose en formaciones con recorridos más cortos, empujando por un centímetro cuadrado. “No había espacio. Hasta el furgón estaba lleno”.

En la red ferroviaria, hay dos líneas privatizadas. Una es el Belgrano Norte. La concesión está a cargo de Ferrovías desde 1994 y, en principio, hasta 2018. Aunque en la empresa dicen que existen posibilidades de extenderla. Frente a la caída en el servicio, en 2015 fueron incorporadas seis formaciones duplas Alerces cero kilómetro. No se detienen en todas las estaciones y funcionan como un expreso. En mayo también se recuperaron 21 servicios en hora pico, por la mañana y por la tarde. Pero la escena de viajar apretado o colgado de las puertas sigue.

“La irregularidad del Belgrano genera más desorden. A la vuelta, en Retiro, cuando el tren viene atrasado la gente se agolpa primero en el andén y después sobre las vías, en las piedritas. Lo hacen para subir del otro lado de los vagones, porque como las puertas son manuales nada se los impide”, describe Juan Carlos Fernández, de 61 años. Usa la línea de lunes a viernes a las 4:47, para trasladarse de Boulogne Sur a Retiro y luego, a las 17:50, para regresar. Es el medio que le permite llegar a su trabajo. “Hace un año, en Retiro, murió una persona desangrada. Pasó corriendo por las vías para subir a un tren y otra máquina lo llevó. Le cortó las piernas”. En 2016, en el Belgrano Norte hubo 42 muertes: 8 suicidios y 34 accidentales. En ese último número, ninguno lo supera, ni el Roca, la línea con más ramales de Buenos Aires. FUENTE: Clarin.com

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