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Finalmente cerró sus puertas la fábrica ubicada en la localidad rosarina de Pérez, perdiéndose de este modo el 50% de la capacidad para reparar locomotoras existente en el país.

La compra de material rodante al gigante asiático, el principio del ocaso del ferrocarril nacional. "Efecto amarillo” se suele denominar  en el ámbito económico a los problemas que acarrea para la industria nacional la política de compra de productos en forma indiscriminada a China orquestada desde lo más alto del poder. Ayer se pudo ver cómo esto llevó a que uno de los pocos talleres ferroviarios que quedan en pie en el país, como el de Rioro, ubicado en la localidad rosarina de Pérez, tenga que cerrar sus puertas por la imposibilidad de competir con el gigante asiático.

La fábrica, que en sus momentos de plenitud supo ocupar a más de 5.000 trabajadores y también poseer el 50% de la capacidad instalada para reparar locomotoras en el país, vivió ayer momentos de profunda tristeza, luego de que los 71 empleados que resistían el cierre del lugar firmaran los acuerdos indemnizatorios propuestos por la empresa Emepa, perteneciente al Grupo Romero y que posee también el Belgrano Norte y el taller de Laguna Paiva en la ciudad de Santa Fe.

Estos trabajadores vieron cómo las promesas oficiales de reactivar los talleres quedaron en el aire, sobre todo luego de la decisión del ministro de Transporte Guillermo Dietrich dejara sin efecto el plan que se había diseñado para fabricar 1.050 vagones de carga en el país, ya que una buena parte de ellos iban a ser construidos en Pérez, lugar especializado en maquinaria pesada.

Frente a la apertura masiva de importaciones desde China por parte del Gobierno nacional, que abarcó la adquisición de material rodante con servicio de mantenimiento in­cluido y la compra obligatoria de los repuestos al país asiático, en Pérez subsistieron un tiempo haciendo pequeños arreglos para los subtes de la ciudad de Buenos Aires, o fabricando boyas para señalizar la hidrovía del río Paraná. Sin embargo, esto no dejaba ganancias, por lo que no pudo evitar su cierre definitivo.

Deterioro mayúsculo

La imagen que se vivió ayer en Pérez es una foto que los platenses ya vivieron en los años ’90 con los talleres ferroviarios de Gambier, ubicados en 31 y 52, lugar que hoy presenta un escenario cargado de olvido y desesperanza. Esos talleres abandonados hoy son ocupados por movimientos sociales ligados a Florencio Randazzo para dictar cursos a los que asiste muy poca gente.

En diálogo el investigador ferroviario Leonardo Rico, que vive en las cercanías del taller de Pérez, señaló que “se sigue con la importación de material rodante a China, y esa política, que es por varios años, implica que no hay deseo por parte del Gobierno nacional de apostar a la recuperación de la industria ferroviaria nacional”.

Para el creador del proyecto Tren para Todos, “el cierre de los talleres Rioro en Pérez parece una crónica de una muerte anunciada, porque se trata de un lugar que venía trabajando muy poco, haciendo algunas reparaciones, pero no estaba inscripto en una política de recuperación ferroviaria en base a una industria propia. Esto es responsabilidad exclusiva de un gobierno que mira para afuera y no para adentro”.

En el mismo sentido se expresó Norberto Rosendo, presidente de la Comisión Nacional Salvemos al Tren (CNST), quien dijo que “el cierre del taller de Pérez es consecuencia de la política nacional llevada adelante por un gobierno neoliberal que es peor que el de los años 90, y contrario a cualquier reactivación del ferrocarril en nuestro país”.

“Con la desactivación de esta empresa, lo que se pierde es la posibilidad de que la Argentina pueda fabricar el material que se compra en forma masiva a China sin ninguna clase de controles, negocio ligado a la propia familia Macri. Esto es un golpe para la ilusión de recuperar el sistema ferroviario. De esta manera, es difícil reactivar el ferrocarril, porque quedan cada vez menos piezas para armar el rompecabezas de destrucción ideado por el Gobierno”, resumió Rosendo.

 

Cifras de una debacle alarmante

-5.000 trabajadores cumplían labores diarias en el taller

-700 pueblos desaparecieron en los 90 con el desguace del ferrocarril

-71 son los empleados que resistieron hasta el final la clausura

-35 son las hectáreas que ocupaba el predio ferroviario

-50% de la capacidad instalada para reparar trenes se pierde con su cierre

FUENTE: diariohoy

Bordó Nacional