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Este gobierno vuelve a anunciar la llegada del tren a Mar del Plata en un poco más de seis horas. Vías nuevas, durmientes nuevos, cuentos viejos.

En los "70 se podía viajar a esa ciudad balnearia en solo 4 horas y un ratito y las formaciones tenían aire acondicionado, pisos alfombrados y butacas reclinables. Ni hablar de los precios: primera clase 26,80 pesos y pullman 45.50. Y no solo eso, había ocho trenes que llegaban a La Feliz, sí ocho formaciones, cada una con un estilo: El Marplatense, Estella Maris, Golondrina, Atlántico, Luciérnaga, Lobo de Mar, Neptuno y Costa Sur.

Hace más de 40 años las cosas, en materia de trenes andaban mucho mejor. Además uno recuerda aquellos viajes donde los señores llegaban con traje y corbata, las damas con vestidos glamorosos y el viaje era una casi casi una fiesta social. El personal uniformado, educado, gentil. Los vagones impolutos donde brillaban los metales y olían a cera las maderas. Las butacas limpias y funcionando, los vidrios de las ventanillas recién lavados y la alfombra parecía nueva.

Vamos para atrás, y si de viajar se trata es más grave. Por qué perdimos todo aquello es una pregunta que tiene miles de respuestas, un cuento en el que aparecen el abandono, los gobiernos anti-trenes, los gobiernos corruptos, las mentiras disfrazadas de falsas promesas y así llegamos a hoy donde el triunfo es decir que recuperamos un servicio pero peor que hace 40 años.

Cuatro horas y un ratito, con locomotoras a vapor de carbón que cumplían con eficiencia su cometido. Los intentos de los últimos años, dejaron pasajeros tirados en medio del campo, trayectos de casi quince horas de duración, descarrilamientos y hasta postergaciones de viajes anunciados. Hoy pasamos de la utopía ridícula del tren bala a conseguir llegar a Mar del Plata en algo más de seis horas. Es decir, atrasamos al menos dos horas en la historia de ese viaje. Por: V. CORDERO

Bordó Nacional